Bases para una investigación sobre la transición energética en América Latina desde un punto de vista sociológico( 19 )104inversiones de los ciudadanos socios de una cooperativa permite que vayan instalando progresivamente plantas de generación, en las comunidades indígenas de América Latina esta no es una opción realista debido a la limitación de sus recursos económicos. Otra desventaja es el tipo de capital social que poseen las comunidades indígenas. Para poder realizar proyectos de generación eléctrica, las comunidades locales necesitan crear redes sociales que les den acceso a personas y organizaciones con conocimientos sobre la tecnología de generación eléctrica y conocimientos empresariales para la gestión del proyecto. Sin embargo, las comunidades locales indígenas carecen de este tipo de recursos, por lo tanto, necesitarían crear redes puente con especialistas y organizaciones ajenos a la comunidad local. Por ello, debemos investigar qué acciones realizan, o podrían realizar, para crear ese tipo de capital y para conseguir recursos financieros para proyectos de energía comunitaria, las organizaciones nacionales e internacionales dedicadas al desarrollo de las comunidades indígenas.Para comprender la reacción de las comunidades indígenas a proyectos de generación, comprender cómo implicarlas en los mismos y cómo organizar proyectos liderados por las mismas, la investigación, además de tener en cuenta las limitaciones de capital financiero y social disponible en las comunidades indígenas, debe tener en cuenta las características culturales y sociales de cada comunidad. No tener en cuenta las peculiaridades de cada comunidad local e intentar transponer directamente modelos de energía comunitaria de otros países puede tener consecuencias no deseadas (REN21 2017).3-2 Participación ciudadana, el estado y el modelo económicoUruguay es uno de los países de América Latina con mayor proporción de energía renovable en la generación de electricidad (el 94% de la misma). Aunque la generación con energía renovable se ha basado prácticamente solo en la energía hidráulica, a partir de 2006 se ha ido introduciendo la bioenergía, y, a partir de 2013, la introducción de energía eólica se ha disparado, llegando a alcanzar la misma cantidad de potencia instalada que la energía hidráulica en 2017 (Gráfico 3).Sin embargo, este cambio hacia un sistema eléctrico basado en las nuevas energías renovables se está realizando de forma diferente a la “tercera revolución industrial” hipotetizada por Rifkin, ya que en Uruguay el sector eléctrico no está liberalizado y es de propiedad estatal. Esto, por un lado, plantea la cuestión de cómo se relaciona el estado con las comunidades locales donde se instalan los campos eólicos para conseguir la aceptación por parte de estas, y de si el estado incluye a las comunidades locales en el proceso de decisión, o si impone su autoridad unilateralmente. Por otro lado, también plantea la cuestión de si el estado puede establecer un sistema eléctrico de generación distribuida sin abrir el sector de generación a los ciudadanos, lo cual sería contrario a la hipótesis de Rifkin de que un sistema de generación distribuida con energías renovables se basaría en la participación ciudadana.Gráfico 3 Evolución de la potencia eléctrica instalada con energías renovables en Uruguay. Fuente: IRENA (2018a).Costa Rica es otro de los países con mayor proporción de energías renovables en la generación eléctrica (99%), y también ha empezado a introducir la energía eólica en su generación eléctrica, aunque la energía hidráulica ocupa la mayor parte de la potencia instalada con energías renovables (Gráfico 4). En este país, el 85% de la generación total es producido por la empresa pública UTE, pero el 15% restante lo realizan cooperativas, ayuntamientos y empresas. Además, los ayuntamientos y las cooperativas también participan
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