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Bases para una investigación sobre la transición energética en América Latina desde un punto de vista sociológico( 15 )108consumidores, todo lo cual lleva a que la actividad económica no se oriente a la maximización de los beneficios económicos a través de la competencia, sino que se oriente a la satisfacción de las necesidades humanas a través de la cooperación.Sin embargo, la teoría de Rifkin adolece de cierto determinismo tecnológico, ya que considera que la innovación y el desarrollo de las tecnologías para generar electricidad con energías renovables, almacenar electricidad y gestionar las redes eléctricas llevará irremediablemente al establecimiento de un nuevo sistema energético y un nuevo sistema económico.Para corregir esa visión determinista podemos recurrir al institucionalismo sociológico. Este nos recuerda que los momentos en los que se producen grandes cambios que afectan a la actividad económica, ya sean cambios tecnológicos, cambios en el comercio internacional, u otros cambios que ponen en cuestión la adecuación de las reglas (regulaciones gubernamentales, acuerdos entre empresas y sindicatos, etc.) que regulan la actividad económica, se abre una ventana para que los diferentes actores implicados en dicha actividad intenten cambiar esas reglas para favorecer sus propios intereses (Lindberg et al. 1991). En esa situación, los diferentes actores utilizan su poder y desarrollan estrategias para construir un nuevo orden institucional, o para mantener el existente, según sus intereses particulares. En ese proceso, influir en las regulaciones y políticas del estado es el principal objetivo. Pero el resultado de ese proceso de reajuste institucional no está determinado y es incierto.En el caso de la transición energética, podemos ver dos ejemplos contrarios del proceso, no terminado, de redefinición del orden institucional en el sector eléctrico a partir de la difusión de las energías renovables. El primer ejemplo es el caso español. En España la potencia instalada con energía eólica representa el 75% de la potencia eléctrica instalada con energías renovables. La mayor parte de esa potencia está instada en grandes campos eólicos en lugares alejados de las grandes ciudades, siendo solo cinco grandes compañías eléctricas propietarias del 64% de esta potencia (Asociación Empresarial Eólica 2018), y existiendo un único generador de propiedad ciudadana. Así, vemos como en este país las grandes empresas eléctricas han conseguido, hasta el presente, reproducir un modelo centralizado, parecido al que ya existía en la generación con energías tradicionales, en la generación con energías renovables (Valls 2017).Contrariamente al caso español, según datos de la Federación Europea de Cooperativas de Energía Renovable (REScoop 2015), en Alemania las grandes empresas eléctricas solo poseen el 5% de la potencia instalada con energías renovables, mientras que ciudadanos y agricultores, muchas veces organizados en cooperativas, poseen el 46% de la potencia instalada (ver el Gráfico 1). Este desarrollo mostraría un avance hacia el nuevo sistema energético hipotetizado por Rifkin.Gráfico 1 Distribución de la propiedad de la capacidad de generación con energías renovables en Alemania (2012). Fuente: REScoop 2015Así, vemos como la hipótesis propuesta por Rifkin es solo uno de los posibles caminos que puede emprender cada país en la ventana de oportunidad de cambio institucional en el sector eléctrico, y en el modelo económico, que abre la transición energética. Analizar cómo se desarrolla ese proceso de transformación y qué orden institucional se construye en cada país debe ser uno de los objetivos en la investigación sobre la transición energética.

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